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Un tango para recordar y sanar trauma.

Por Genoveva Rodríguez-Castañeda




Siempre me ha gustado el tango. Cuando bailas tango estás en comunicación activa con otra persona. Me gusta la melodía que impone el bandoneón y la tensión que se siente en el aire cada vez que los instrumentos paran su sonido. Esperando esas nuevas notas que dictarán si al bailar, te sigo o te guío. Me gusta bailar tango porque cuando lo bailo contigo lo siento como un movimiento recíproco y pendular entre mi energía y la tuya.


¿En qué se relaciona el tango con el trauma?

Bailar tango no es fácil, toma años de práctica. Conocer de dónde vienen nuestras emociones, relacionarlas con lo que nos ha tocado vivir, también toma tiempo. Es importante que te recuerde que, así como no hay dos parejas que bailen igual el tango, tampoco existe una fórmula mágica para recordar y sanar un trauma. Fabio y Mario que son hermanos gemelos, son muy distintos en como sobrellevan el trauma que vivieron cuando tenían siete años. Piénsalo, genéticamente estos chicos son iguales, sus padres les han inculcado los mismos principios. Sin embargo Fabio se quedó mudo, sin poder moverse, luego de que su papá chocara con un camión. Mario salió del auto inmediatamente y empezó a ayudar a su mama a sacar a Fabio del auto. Hasta la fecha Fabio no recuerda mucho de ese día y Mario se despierta sudoroso recordando con angustia el momento que su papa chocó. El camino que ambos gemelos tomen para sanar no es lo mismo. Mientras Mario tiene recuerdos, Fabio no los tiene. Ambas reacciones son como nuestro cerebro nos protege para sobrevivir momentos difíciles.


¿Qué es trauma?

Trauma se define como experiencias de las que hemos sobrevivido (piénsese presenciar guerras o violencia en el vecindario, peleas intensas en casa, accidentes de auto, la ruptura de una relación amorosa o la muerte de seres queridos, la pérdida de un bebé, la trágica muerte de un hijo) de una forma u otra lo que nos une como humanos es que todos hemos vivido algún tipo de trauma.


En general somos muy resilientes a estos eventos, en el sentido que los traumas no nos quitan la vida, pero eso no quiere decir que en nuestro cerebro se haga un borrón y cuenta nueva. El trauma deja su huella física en nuestro cuerpo y en nuestra mente. El trauma por definición es algo por lo que pasas que es intolerable, que es inaguantable para nosotros. Existen estudios recientes que relacionan el sobrevivir a traumas con enfermedades inflamatorias.

Es importante recordar que, aunque sobrevivimos momentos difíciles y seguimos "como si nada" nos toma una energía enorme seguir viviendo y cargando estos recuerdos. Guardamos cada momento de momentos de terror, vergüenza, impotencia y vulnerabilidad que hemos vivido en nuestra mente y sistema nervioso. Normalmente los conflictos de lo que no tiene sentido que vivimos en la infancia los llevamos por dentro.

El trabajo de sanar traumas se parece al ritmo del tango. Ese vaivén, que da pasitos para adelante y regresa a veces a rastras.

Pasa cuando peleamos entre lo que nuestra mente quiere ahogar y no pensar nunca más y la parte que quiere sanar y ponerle palabras y narrativa a los retazos de recuerdos nebulosos que cargamos.


En mi caso por ejemplo, treinta y ocho años después de haber sobrevivido un asalto armado, de repente cuando voy manejando me ataca un dolor en la espalda baja y empiezo a sudar, si no logro respirar me sube una energía eléctrica y me empiezan a castañar los dientes. A veces, me descontrolo y empiezo a manejar rápida e impulsivamente, esto significó accidentes automovilísticos de adolescente cuando empezaba a conducir. Recuerdo disparos, sonidos de vidrio quebrado, olor a sangre y gallinas ensangrentadas huyendo del auto. Pasó hace mucho tiempo, pero para parte de mí, aún estoy allí, con miedo, observando la destrucción de todo y contemplando si todos estábamos bien. La mayoría de mis días no pienso en lo que pasó y manejo sin preocupación. Pero hay veces que el olor al cuero de los sillones y sangre me regresa a ser una niña impotente en medio de la calamidad. Imágenes como la de mi muñeca decapitada y sangrentada se me vienen de pronto, lo siento en mi garganta que no pudo gritar entonces. En esos momentos soy una niña asustada de siete años, no una adulta recordando momentos difíciles.

La pregunta que nos debemos hacer no es ¿Cuál es tu trauma?, si no más bien ¿Cómo salimos de esto?

En realidad no existe una respuesta universal que pueda ofrecerles. No existe una técnica que funciona sin fallo para todos. De hecho, si alguna empresa empuja para venderte la mejor y única técnica que te garantiza salir del trauma, es mejor que des la media vuelta y salgas de allí. Porque sanar un trauma, es decir poder ponerle una narrativa y recordar los horribles eventos de nuestro pasado sin vivirlos de nuevo no es así de facil y directo. Es como caminar en un laberinto con puertas en donde tú tienes las llaves y las distintas técnincas te ayudan a encontrar la llave que coincide con el cerrojo.


Como en el tango, se baila mejor con una pareja en la que confíes, el profesional que te apoya debe ser una persona con la que has desarrollado confianza. Por ejemplo, nuestra memoria guarda imágenes y descripciones del trauma en idioma que en el que se vivió. Por esto es muy difícil hablar sobre momentos difíciles y conectar, teniendo que traducir lo que se vive a otro idioma. Los sentimientos como la vergüenza y culpa son inculcados por religión y cultura y son difíciles de identificar por profesionales que no la comparten.


Para bailar el tango del trauma debes estar en un espacio mental seguro, en el que te puedes expresar, por eso en Esperantza te proveemos información sobre nuestros profesionales y preferimos tener una cita de ubicación, que puedes hacer aquí para recomendarte a un profesional con experiencia en salud mental, que basado en escucharte, creemos se ganará tu confianza. El profesional es parte de lo que te ayuda. La otra parte es que para poder abordar el trauma es que debes sentir un apego emocional fuerte con alguien. Buscar dentro de ti algún recuerdo o sensación de alguien que te amó o ama incondicionalmente. Es como el pedazo de madera en el que flotas después de un naufragio.

¿Cómo los consigo si no lo encuentro en mi memoria o en mi vida presente?

Para unos es una mascota, empezar a relacionarse con un ser tan fiel y dependiente, poder mimar y ser mimado sin complicaciones y juicios, te hará empezar a hablarle.

El empezar a hablar sobre lo que sientes con un animal que te escucha, hará que confíes en más personas de tus círculos cercanos y así irá creciendo como una pequeña planta verde la esperanza dentro de ti.


Para otros es la práctica de yoga, o la danza terapéutica, hay muchos traumas que se quedan trabados en partes de tu sistema nervioso (puede que tu no recuerdes, pero tu cuerpo sí lo recuerda). La práctica de yoga que combina respiraciones profundas y estiramientos con movimientos, conecta tu cuerpo con tu mente y puedes sanar muchos aspectos del trauma que han quedado rezagados en tu cuerpo.

Para mí fue empezar a "bailar" el tango de la psicoterapia con mi terapeuta. Primero, confiar en ella, en que escuche sin juzgar, luego ir aprendiendo sobre mí y los espacios de descanso que necesito. Aprender sobre mi trauma es también comprender el impacto que el trauma, el abuso y la negligencia han tenido en mi vida.


En general los pasos del tango para abordar trauma cuando buscas a una persona con experiencia son tres:

1. Encontrar calma y estabilidad. 2. Encontrar dentro de nosotros el recuerdo de una persona, o grupo de personas, con las que nos sentimos comprendidos. Estas personas nos ayudan a descansar de los recuerdos y formas en las que revivimos el trauma de nuevo a horas y días inesperados. 3. El apoyo de nuestros maestros o profesionales de salud mental que con sus varias técnicas nos ayudan a reestablecer conexiones reales con personas cercanas a nuestra vida (familiares, conyugues, hijos y amigos).

Ten en cuenta que el camino para sanar traumas es únicamente tuyo. No existe un terapeuta que domine todas las técnicas, y debe respetar tu propio camino. Por ejemplo, yo ahora hago kickboxing y me está ayudando mucho para manejar el estrés, pero tengo una amiga cercana que está por volverse instructora de Yoga y le ha ayudado a manejar sus traumas y estrés. Son dos caminos muy distintos, pero son caminos y actividades que nos han apoyado para darle espacio a nuestras emociones.

¿Por qué abordar nuestros traumas?

¿Por qué no seguir viviendo como hemos vivido todos estos años? Nuestro cuerpo tiene dos trabajos, mantenernos vivos y pasar la información importante aprendida en esta vida a las siguientes generaciones. Los traumas que hemos vivido nos hacen adoptar estrategias de sobrevivencia. Algunas parecerán positivas y demarcan una persona exitosa como, por ejemplo, trabajar de más para evadir problemas en casa, salir a correr todos los días y excedernos con el ejercicio. Algunas son menos positivas como comer compulsivamente, el alcoholismo, o lastimarnos para distraernos del dolor y de la ansiedad.

Todo lo que hacemos busca olvidar y seguir adelante con nuestras responsabilidades y trabajo. Pero vale la pena pensar lo que nos cuesta mantenernos así. No podemos borrar sólo los sentimientos incómodos como los del sufrimiento, al borrar también nos robamos la capacidad de disfrutar y reconocer los momentos en los que somos amados y estamos seguros. Si tenemos hijos también debemos considerar lo que sin querer, les estamos enseñando.

Vale la pena pensar en lo que llevar estos traumas por dentro nos limitan en las decisiones que tomamos todos los días. Por ejemplo, yo después del trauma que sufrí en casa juré nunca casarme. Veía el ser ama de casa y madre como lo más repulsivo y patético de la vida de una mujer. De no haber abordado con mi terapeuta esta certeza que me mantuvo viva durante muchos años, de que todos los matrimonios son como el de mis padres, no me hubiera dado la oportunidad de casarme con un hombre bondadoso que me ama. Y tampoco hubiera experimentado el gozo de criar a un niño que sí tiene la libertad de ser quien es.


Abordar nuestros traumas nos hace mejores personas.

Cuando nos damos atención a nosotros mismos, dejamos la ilusión de tener el control sobre los demás y trabajamos en conocer nuestras emociones, darles su espacio. Al darles su lugar y poderlas comunicar, les permitimos a nuestros seres queridos conocernos mejor. Sanar nos permite dejar las creencias y actitudes que nos sirvieron para sobrevivir en el pasado, que ahora que ya no las necesitamos y nos siguen cargando.

En resumen, empezar a bailar un tango con nuestros traumas, es un trabajo difícil con pasos hacia adelante y hacia atrás. Pero es un baile que vale la pena, por la libertad y la paz que da trabajar en los traumas pasados.

En Esperantza esperamos crear una comunidad donde compartimos recursos que nos han ayudado y queremos escuchar lo que te ha ayudado a ti. Creemos que por medio de romper el silencio y compartir información podemos apoyarnos en este camino de vida.










 

Aprendizaje basado en el libro

VAN DER KOLK, Bessel. El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria, 2020.

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