Pilares de salud mental para la comunidad latina en EEUU.
- hace 5 días
- 6 Min. de lectura

¿Recuerdas la historia detrás de los tres cerditos y el lobo?
Los que no pusieron el esfuerzo de hacer planos y construir una casa de ladrillo, perdieron su casa y tuvieron que salir corriendo para encontrar refugio en casade su hermano. Quizá los cerditos que construyeron su casa de paja y palitos, estaban tan estresados y asustados que no pudieron enfocarse en construir algo sólido y duradero. Veamos qué características tenía el cerdito que hizo su casa de ladrillo. Los tres sabían que el lobo acechaba. Uno se tomó el tiempo de cuidarse a el mismo, planear su refugio y ladrillo tras ladrillo construir una casa segura. El lobo significa el estrés de la vida, o un ambiente social hostil. Muchas veces nosotros como migrantes no nos tomamos el tiempo de vivir en el aquí y en el ahora porque hay muchos fuegos que apagar….. y alli es cuando el lobo se aprovecha de nuestras “casas” vulnerables.
En este blog hablaremos de lo que puedes hacer en estos tiempos para encontrar paz interior e ir dando pasos para construir un hogar de ladrillos a pesar del miedo a los lobos.

1. Conectarte con el aquí y el ahora.
Mucho del sufrimiento viene de quedarnos atrapados en el pasado o anticipando catástrofes futuras. Conectarte con el presente no borra los problemas, pero sí te devuelve algo fundamental: el poder que tienes para responder a los problemas. Puedes practicar estar presente en el aquí y en el ahora con:
Notar tu respiración durante un minuto, sin cambiarla, solo observando.
Poner atención a cinco cosas que ves, cuatro que sientes, tres que escuchas.
Hacer una actividad diaria con plena atención (tomar café, caminar, lavar platos).
Estar en el aquí y el ahora te permite preguntarte: “¿Qué es lo próximo más pequeño y posible que puedo hacer hoy para cuidarme?”

2. Aceptar tu realidad (aunque no te guste).
Aceptar no es resignarse ni aprobar lo que duele; es dejar de pelear con lo que ya es. Negar tu realidad (“no es para tanto”, “no debería sentir esto”) consume energía que podrías usar para cambiar lo que sí es modificable.
Aceptar tu realidad implica:
Nombrar lo que estás viviendo, cosas como: “Estoy pasando por un duelo”, “Estoy agotada”, “Me siento sola”, " Tengo miedo de lo que no puedo controlar".
Reconocer tus límites actuales: tiempo, energía, salud, recursos.
Dejar de compararte con versiones idealizadas de ti misma o con otras personas.
Lo más importante de aceptar tu realidad es que te permite tomar decisiones más realistas y amorosas contigo misma. Puedes preguntarte con lo que tengo hoy ¿ Qué sí puedo hacer para cuidarme un poco mejor? ¿ Qué sí puedo hacer para que yo y mi familia nos sintamos más seguros ?

3. Pedir ayuda y estar dispuesto a hacer el trabajo en terapia.
Pedir ayuda no te hace débil; te hace humana. Y la terapia no funciona solo por asistir, sino por tu disposición a trabajar, sentir incomodidad y probar cosas nuevas.
Para que la terapia sea realmente útil:
Entra con curiosidad, no solo esperando “recetas”.
Sé honesta con lo que piensas y sientes, incluso si te da vergüenza.
Lleva lo que trabajas en sesión a tu vida diaria, aunque sea en pasos muy pequeños.
Pedir ayuda también puede ser:
Escribirle a una amiga y decir: “¿Podemos hablar? Me siento saturada.”
Decirle a tu familia: “no puedo con todo, necesito que alguien me ayude con esto.”
Conocer tus derechos y juntarte con personas que pueden aconsejarte.
Y si te da pena, recuerda que no se trata de cargar a otros con tu vida, es permitir que la red que ya existe pueda sostenerte un poco.
Hace poco empecé a trabajar en pedir ayuda, no sólo ha sido muy transformador en ver como mis amistades y mi comunidad ha estado dispuesta a ayudarme. También al reconocerme vulnerable, me ha permitido profundizar en mis relaciones personales y hacer un tejido de amigos que me sostienen más fuerte.

4. Buscar grupos de apoyo.
Hay cosas que se alivian sólo con escuchar: “a mí también me pasa” o con escuchar un testimonio que se ajusta justamente a algo que te ha pasado en tu vida. Los grupos de apoyo ofrecen algo que la terapia individual no siempre da: sentirte acompañada por personas que caminan un camino parecido al tuyo.
En un buen grupo de apoyo puedes:
Ver que tu dolor no es raro ni vergonzoso.
Aprender estrategias prácticas de gente que vive retos similares.
Empezar a reconstruir la confianza en los vínculos, a tu propio ritmo.
Elegir un grupo de apoyo también es un acto de valentía. Cuando llegas a un grupo de apoyo estás diciéndote a ti mismo que es valioso buscar compañía en esto que estas viviendo.

5. Hacer ejercicio: mover el cuerpo para mover la mente.
El ejercicio no es solo “ponerte en forma”; es una herramienta potente para regular el ánimo, la ansiedad y el estrés. No necesitas rutinas perfectas, solo movimientos posibles y sostenibles.
Algunas ideas realistas:
Caminatas de 10–15 minutos, varias veces a la semana.
Ejercicios estando sentada en una silla
Estiramientos suaves al despertar o antes de dormir.
Bailar una canción que te guste, solo para soltar tensión.
Mover el cuerpo envía señales de vida y energía a tu cerebro. Es una forma de decirte: “Sigo aquí, sigo siendo importante”.

6. Relacionarte con gente que le sume a tu vida.
No todas las relaciones nutren. Algunas drenan, confunden o te hacen dudar de tu valor. Cuidar tus pilares de bienestar también implica revisar con quién te rodeas y que en el balance de tu semana, tengas más contactos con personas que le suman a tu vida.

¿Como reconozco a las personas que suman?
Respetan tus límites, incluso cuando no les convienen.
Se alegran genuinamente de tus logros.
Pueden escuchar y recibir tu vulnerabilidad sin minimizarla ni voltear sus argumentos a algo que les interesa sólo a ellas.
¿Como reconocer a las personas que restan?
Minimizan o invalida lo que sientes. Cuando compartes algo importante, responde con “no es para tanto”, “siempre exageras” o siempre cambia el tema hacia sí misma.
Te hace sentir culpable por poner límites. Se ofende si dices que no, te acusa de egoísta o te recuerda todo lo que “ha hecho por ti” para que cedas.
Compite contigo o boicotea tus logros. En vez de alegrarse, critica, hace comentarios sarcásticos o inmediatamente cuenta algo “más grande” que le pasó a ella.
Solo aparece cuando necesita algo. Casi no está presente cuando tú necesitas apoyo, pero espera que tú estés siempre disponible para sus crisis.
Sobre todo es una persona que hace sentir más pequeña. Después de verla, te sientes drenada, confundida, insegura o avergonzada de ser quien eres. Tu cuerpo también habla: tensión, nudo en el estómago, dolor de cabeza.
No siempre es posible cortar todos los vínculos dañinos de inmediato, pero sí puedes:
Poner límites claros.
Reducir el tiempo con personas que te hacen mal.
Invertir más energía en quienes te apoyan y te quieren bien.
Cerrar el círculo: pequeños pasos, muchos días.
Tus pilares de bienestar no se construyen en un fin de semana de motivación; se fortalecen con decisiones pequeñas, repetidas en días buenos y en días difíciles.
Puedes empezar preguntándote hoy:
¿Qué puedo hacer en los próximos 10 minutos para estar un poquito más presente?
¿Qué realidad necesito dejar de negar para poder cuidarme mejor?
¿A quién puedo pedirle ayuda o compañía esta semana?
¿Qué grupo, espacio o comunidad podría explorar?
¿Cómo puedo mover mi cuerpo de manera amable hoy?
¿Con quién me siento más yo misma y cómo puedo acercarme un poco más a esa persona?

Recuerda que se busca progreso no perfección. Recuérdate que tu bienestar merece tiempo, atención y cuidado. Porque sin tus pilares, todo se tambalea; con ellos, incluso las tormentas se vuelven un poco más navegables.
Regresemos al cuento de los tres cerditos, pero ya no como una historia infantil, sino como una metáfora de tu propia vida. El cerdito que hizo su casa de ladrillo no era el más fuerte, ni el más valiente, era el que decidió dedicar tiempo, atención y esfuerzo a cuidarse, aun sabiendo que el lobo siempre estaría rondando.
Cada vez que eliges respirar y volver al aquí y al ahora, aceptar tu realidad en lugar de pelear con ella, pedir ayuda, ir a terapia, buscar un grupo de apoyo, mover tu cuerpo y rodearte de personas que le suman a tu vida, estás poniendo un ladrillo más a tu casa interna. No vas a construirla en un día, y a veces te cansarás o dudarás, pero eso no borra lo que ya llevas levantado.
Los lobos —el estrés, la discriminación, la soledad, la incertidumbre migratoria— seguirán soplando. La diferencia es que, ladrillo a ladrillo, tu refugio será cada vez más sólido. No se trata de que nunca vuelva a temblar la casa, sino de que, cuando sople el viento, ya no tengas que salir corriendo: puedas quedarte adentro, respirando, sabiendo que tú misma has construido un lugar seguro donde tu vida y tu historia valen y merecen cuidado.




Comentarios